Esta es la primera parte del capítulo VI. Mañana publicaré la segunda parte.
http://evil-the-fic.tumblr.com/post/22069877752/capitulo-vi-primera-parte#notes
Para quienes estén interesados en ponerse al día. :)
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Interpol - Hands Away (live)
La segunda canción del cap VI.
(Source: youtube.com)
Radiohead - Codex (sub. español)
La primera canción del cap VI.
(Source: youtube.com)
FLASHBACK 3
Sleight of hand
Jump of the edge
Into a clearing
No one around
Just drangonflies
Flying to the sun
No one gets hurt
You’ve done nothing wrong…
Radiohead, Codex
El cabello desgreñado de la chica cae sobre su cara y cubre sus ojos enrojecidos de tanto llorar. Arrodillada en el piso de madera, sus tobillos y muñecas atadas parecen adoloridos, debido a la presión de la gruesa cuerda que los inmoviliza.
Las doce horas que lleva en la misma posición han socavado su resistencia. Tras suplicar incansablemente sin ser escuchada, guarda silencio.
A su lado, un sujeto de largo cabello rubio permanece sentado con las piernas abiertas y flectadas, mientras lee en voz alta crípticos poemas que escoge de numerosas hojas esparcidas por el suelo. Al alcance de su mano está la Colt 1911, que ha sido su mejor aliada.
La madrugada avanza y la claridad del día comienza a colarse a través de las rendijas de la pequeña casa en el árbol donde se encuentran, situada en medio de un bosque desierto.
Por más que ella gritara ahora, nadie podría oírla. En más de 500 metros a la redonda no habita ni una sola alma.
“Soy todos los días
Que eliges ignorar…”
La voz de él suena monótona y lenta, mientras rompe el imponente silencio con su lectura.
Ella no lo mira.
“Eres todo lo que necesito
Y estoy en medio de tu cuadro
Yaciendo sobre los juncos…”
De pronto ella abre la boca.
-Mi amor, por favor…
El se detiene y la observa. Sus gélidos ojos azules observan implacables el rostro demacrado de ella, pálido y fino, donde el intenso ruego se transparenta.
Con voz suave aunque temblorosa, ella lo intenta otra vez.
- Mi amor… perdóname. Yo… no quise hacerte daño… Fue sólo una estupidez. Sabes que te amo… Por favor, suéltame y olvidemos todo esto…
El deja la hoja que estaba leyendo a un lado y se pone de pie. No responde.
- Déjame demostrarte que es verdad… Déjame demostrarte que soy sincera. Podemos volver a ser lo que éramos…
El se vuelve hacia ella. Los sucios jeans cubren sus largas piernas aunque dejan los descalzos pies al descubierto. Es delgado y alto, pero sus brazos son fuertes. El tatuaje con la cara de una niña destaca en uno de ellos.
- Ya amaneció – dice mirando por una de las ventanas de la pequeña casa. – Vamos a dar un paseo.
Toma la pistola y se la encaja entre la pretina del pantalón y la cintura. Se acerca a la chica y le desata los pies, mientras ella lo mira apretando los labios. Las lágrimas vuelven a asomar en sus grandes ojos.
Sin liberarle las manos, la obliga a moverse. Ambos bajan por la escala que conecta la casa con el suelo de tierra. El la ayuda a descender, para evitar que caiga. En una de sus manos carga la cuerda sobrante.
En total silencio, la hace caminar delante de él entre la hierba y las flores que rodean el sitio. Es un día gris y frío y la niebla nocturna se acaba de disipar.
A lo lejos se oye el fuerte romper de las olas sobre las rocas. El mar está cerca.
Tras avanzar sin emitir palabra durante varios minutos, finalmente llegan a una suerte de acantilado. No es demasiado alto, pero el agua verde y enfurecida resulta de cualquier forma amenazante desde ahí arriba.
Ambos se detienen casi al llegar al borde. Y entonces él vuelve a hablar.
- ¿Recuerdas este lugar?
Ella asiente con la cabeza, tratando de sonreír. El gesto, sin embargo, resulta más una mueca marcada por el pánico que la domina.
- Aquí terminó nuestra primera cita, hace dos años atrás. No fue una mañana muy distinta a esta… – agrega él, mirando alrededor.
- Creo que no hacía tanto frío como ahora… - murmura ella con un hilo de voz.
Las manos atadas en la espalda le impiden mayor movilidad.
El la mira fijamente.
- Entonces dijiste que no te molestaría saltar. Que lo harías, si yo saltaba también, junto a ti.
Ella lo ve con intensa sorpresa. El horror la invade al darse cuenta de lo que viene.
- ¿Qué…?
- Quiero que saltes ahora. Te voy a amarrar los pies otra vez. Y luego quiero que te dejes caer -, añade él. Su expresión es impertérrita. Ni una sola emoción se revela en su rostro severo.
- No… no, por favor, no – responde ella, con el llanto quebrándole otra vez la voz. – Por favor, desátame y déjame explicarte lo que de verdad ocurrió… - solloza.
- Esta es la única forma en que puedo creer en ti. En que puedo creer que no estás mintiendo otra vez.
- Por favor… perdóname. Te amo… es verdad, te amo… Lo siento, lo siento tanto… - dice con la voz entrecortada.
El se acerca. Por primera vez le habla con ternura.
- Escúchame. Quiero que saltes con los pies y las manos atadas. Yo saltaré detrás de ti y te sacaré. Pero esta es la prueba que necesito. La prueba de que estás siendo honesta y de que realmente estás arrepentida de haberte acostado con ese hijo de puta.
Ella traga saliva e intenta controlarse.
- ¡Estoy arrepentida!… Nunca debí haberlo hecho. Ni siquiera sé porque lo hice… Yo te amo. Hemos estado juntos por tanto tiempo…
El le cubre los labios con un dedo, haciéndola callar.
- Es una prueba. Una prueba de amor y de confianza. Si realmente me quieres lo vas a hacer. Vas a saltar.
Ella guarda silencio por algunos segundos, tratando de controlar su desesperación.
- Es el único modo de volver atrás. De recuperar lo que has roto. Es la única forma que tengo de perdonarte.
Ella lo mira a los ojos, intentando establecer si lo que dice es verdad.
- ¿Tú saltarás junto a mí y me sacarás?- pregunta como una niña asustada.
El asiente.
- Si. Saltaré detrás de ti. Este rito servirá para limpiar lo que le hiciste a nuestro amor. Luego podremos empezar otra vez de cero.
Ella mira al suelo. No tiene alternativa más que creer y acatar. Está amarrada y sola con él, desde que la secuestró el día anterior manteniéndola amordazada en la casa del árbol. Nadie sabe que está aquí. No hay nadie a quien pedir ayuda. El está armado y sus actos extremos de las últimas horas indican cuán enajenado está. Enajenado y herido por su traición.
Sabe que si no obedece las consecuencias pueden ser mucho peores. Esta puede ser su única posibilidad de sobrevivir.
- Está bien. Lo haré. – dice finalmente, con una voz apenas audible.
El la observa con tranquilidad y satisfacción.
Sin agregar nada, toma la cuerda que había traído consigo y se arrodilla frente a ella. El largo cabello rubio vuelve a cubrirle la cara. Ella tiembla sin poder evitarlo, al sentir los delgados dedos sobre su piel.
Le amarra firmemente los tobillos. Cuando termina, se levanta otra vez. La mira a los ojos y sonríe.
Ella tirita de pies a cabeza. Entonces él la toma en brazos y avanza con ella hasta el borde del acantilado. Vuelve a ponerla en el piso, de cara hacia él. Y retrocede un par de pasos.
- Está listo.
Lágrimas escurren por las mejillas de ella. Mira a su alrededor, esperando ver a alguien que pueda ayudarla. Pero nadie aparece.
- Salta.
La orden suena fría y perentoria.
Y ella obedece. Sin posibilidad de darse impulso, simplemente se deja caer hacia atrás, apretando los párpados.
Desaparece de vista tras la línea del acantilado.
El se acerca al borde y mira hacia abajo justo cuando las olas cubren totalmente el cuerpo de ella. Con movimientos pausados se quita la raída camiseta que lo cubría y la lanza hacia un lado.
Salta también.
Se sumerge en el agua y nada hacia lo profundo, buscándola.
Casi al llegar al fondo la encuentra. Ella lo mira con horror y desesperación, reteniendo el poco oxígeno que le queda. Se mueve violentamente, intentando liberarse de las amarras que le impiden salir a flote. Su largo cabello oscuro se expande y agita en el líquido en que están sumergidos.
El se acerca a ella, tomándole la cara con ambas manos. Y la besa, cerrando los ojos. El contacto es largo e intenso, mientras le aprisiona los labios pese a los esfuerzos que ella hace por desprenderse.
Luego se aparta algunos centímetros y la mira, justo cuando ella comienza finalmente a ahogarse, incapaz de contener más la respiración.
El nada hacia la superficie.
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Home spun desperation’s knowing
Inside your cover’s always blown…
Interpol, Hands Away
Paul despierta sobresaltado en medio de un sueño profundo. En el primer momento no sabe qué pasa, hasta que vuelve a escuchar los sollozos de Isabella a su lado.
- Tyler… no… ¡Tyler! – la oye murmurar angustiadamente en medio de la oscuridad, mientras se mueve con agitación.
Se incorpora rápido e intenta despertarla, remeciéndola por los brazos.
- Isabella… despierta… estás soñando…
Gotas de sudor frío mojan la cara de ella cuando finalmente abre los ojos aterrorizados, bañados de lágrimas.
- Mi amor… fue un sueño… era una pesadilla… Todo está bien – dice Paul suavemente, tratando de tranquilizarla.
Ella lo mira, recuperando la conciencia poco a poco. Cuando lo reconoce, se abraza a él con fuerza. Sigue llorando en silencio por algunos minutos, todavía temblando de pies a cabeza.
Paul la aprieta contra su pecho, acariciándola con ternura.
- Todo está bien… Estoy aquí contigo, sólo fue un mal sueño… - le dice, como un padre que consuela a una niña pequeña en medio de la noche.
Los minutos pasan y ella va poco a poco tranquilizándose. Permanece acurrucada entre sus brazos, hasta que recupera totalmente la normalidad.
Entonces se aparta de él y enciende la luz de una lámpara. Se pasa una mano por la cara para secarse las lágrimas. En completo silencio se levanta y se encierra en el baño.
Paul se sienta y busca uno de sus cigarrillos. La preocupación lo embarga.
Llevan ocho meses juntos y desde que la conoce y comparte con ella la cama, Isabella ha sufrido pesadillas cada vez más repetitivas. Sobre todo en las últimas semanas ha tenido que despertarla varias veces, al sentirla convulsionar a su lado por los terribles sueños que parecen afectarla.
Y el resultado es igual todo el tiempo. Despierta entre lágrimas, sudando y fuera de control. Aunque no siempre habla mientras está dormida, cuando lo hace repite el mismo nombre.
Tyler.
Pero nunca le ha explicado en qué consisten esos sueños. O quién es el recurrente protagonista de éstos.
Cuando ella finalmente sale del cuarto de baño, no emite palabra. Vuelve a acostarse al lado de Banks y se acomoda para dormir, dándole la espalda. El la mira perplejo. Finalmente apaga el cigarrillo e intenta también volver a conciliar el sueño.
Pero la inquietud no lo abandona. Decenas de pensamientos oscuros pasan por su cabeza. La duda arde en su interior. Se vuelve hacia ella para tocarla, pero finalmente se reprime. De pronto la siente lejana, ausente. Y eso le resulta insoportable.
A la mañana siguiente ella parece completamente normal. No hay rastros de la pesadilla que la noche previa la tuvo al borde del colapso.
Mientras preparan el desayuno en la amplia cocina del departamento de Paul, ella no se da cuenta de como él la mira fijamente y con absoluta seriedad. Cuando se sientan y ella comienza a cucharear el cereal, recién advierte que él no come y sólo la observa directamente, de brazos cruzados.
- ¿Qué pasa? – le pregunta con dulzura y una gran sonrisa. - ¿No tienes hambre?
Paul no responde de inmediato. Busca un cigarrillo y lo enciende.
- ¿Quién es Tyler? – pregunta de pronto sin titubear y sin alterarse, mientras da una bocanada.
Visiblemente nerviosa, ella deja la cuchara en el plato y se apoya atrás en la silla. Demora unos segundos en responder.
- No quiero hablar de eso ahora, Paul. – dice sin enojo, pero con determinación.
El frunce el ceño.
- No quieres hablar de eso… pero sueñas con él todas las noches. Y al parecer no son sueños muy agradables. Quiero saber de qué se tratan esas pesadillas.
Ella no lo mira. Aprieta los labios hasta que lanza la primera excusa que le viene a la cabeza.
- No es nada importante. Son sueños estúpidos sobre distintas cosas. Nada que valga la pena comentar. No tienes razón para preocuparte.
Se levanta y lleva el plato a la cocina. De pronto parece haber perdido el apetito.
Paul la mira, cada vez más molesto. El hecho de que ella se niegue a contarle lo que sucede o quién es el hombre al que llama en medio de la oscuridad no sólo lo hiere, sino que además está desatando paulatinamente sus nunca bien controlados celos.
Se levanta también de la mesa y la sigue.
- No puedo saber quién es, pero cuando te despiertes en la noche llorando vas a refugiarte en mí y yo tendré que pretender otra vez que nada pasa.
Isabella acomoda algunas cosas en la alacena, sin abrir la boca. Sabe que si no responde a los requerimientos de Paul se desatará una discusión y que luego él se refugiará dentro de si mismo, castigándola con su frialdad como cada vez que se siente amenazado o su sempiterna inseguridad lo lleva a imaginar escenarios que lo atormentan.
Pero esta vez no puede hacer nada para impedirlo. Las manos le tiemblan imperceptiblemente mientras intenta mantener el control, pero Banks no se da cuenta. Y él sigue con su ataque.
- En todo caso tienes que ser un hijo de puta muy efectivo si dejas tan marcada a una mujer como para que sueñe contigo y te llame a gritos cada noche… Tengo que reconocerle ese mérito al idiota ese… – dice con tono irónico, apagando el cigarrillo con rabia en el piso.
Y entonces Isabella no resiste más. Con los ojos brillantes se da vuelta hacia él.
- ¡Basta, Paul! ¿Es que no puedes entender que no quiero hablar de eso? ¿Por qué tienes que ser siempre tan hiriente? ¿Por qué todo tiene que girar siempre en torno a ti, en torno a lo que tú quieres o necesitas? ¿Acaso tú me dices todo? Has pasado gran parte de nuestra relación ocultando todo lo que sientes…
Y sale a paso decidido hacia la sala. Banks va tras ella.
- Entonces tengo razón. Es un ex noviecito que te dejó la cagada en la cabeza y por eso no puedes hablar de ello. Y a mi me toca limpiar la mierda que dejó…
Está desatando toda su rabia sin medida, movido como siempre por su afán posesivo sobre ella. Pero de pronto advierte que ella está llorando y tapándose la cara con las manos, con convulsiones silenciosas que le remecen todo el cuerpo.
Se para en seco sin saber qué decir. Se acerca a ella y cuando va a tomarle las manos para verle los ojos, ella se zafa y sale corriendo. Toma su chaqueta y sus llaves y deja el departamento sin mirar atrás.
Paul queda parado en medio de la sala, sin saber qué hacer. Quiere ir detrás de ella, pero los celos lo detienen. Porque lo único que puede imaginar es que se trata de un ex amor de Isabella con el cual ésta tuvo una relación profunda que no puede dejar atrás. Y la sola idea le revuelve el estómago. Porque en el tiempo que llevan juntos ella se ha transformado en casi todo su mundo. La necesita intensamente y no puede aguantar la idea de que ella no le pertenezca por completo.
Como un león en una jaula, permanece en el departamento intentando controlarse. Espera por un par de horas a que ella regrese. Pero al ver que eso no ocurre, finalmente sale también. Dando un portazo desaparece por el resto del día.
Son más de las dos de la mañana cuando vuelve. Entra al departamento y lo primero que ve es a Isabella sentada en el gran sitial de la sala. Está pálida y parece angustiada.
Ambos se miran por unos instantes. Pero Paul no dice nada y decide irse de inmediato a la cama. Los celos siguen dominándolo por completo.
Isabella lo sigue. Y cuando él se sienta para quitarse los zapatos, finalmente lo enfrenta.
- ¿Quieres saber quién es Tyler?
Paul la mira con molestia.
- Sólo si no es demasiado doloroso para ti hablar de heridas abiertas… - le responde con ironía.
Ella lo ve con intensa tristeza. Pero hace caso omiso del sarcasmo.
- Si quieres saber quién es, entonces tendrás que venir conmigo.
- ¿Ir contigo? ¿Dónde?
- A la casa de mi familia en Edmonds. Está a solo unos minutos de Seattle.
El enojo de Paul desaparece a medias. Busca un cigarrillo.
- ¿El estará ahí?
Isabella mira al suelo.
- Conocerás a mi familia y a quienes han sido importantes para mí en ese lugar. Ya es hora.
- Creí que odiabas a tu familia.
- No los odio… sólo no tengo mayor relación con ellos. Pero ahora podrás conocer a mi madre y a mi hermano. Ellos también están ansiosos por conocerte personalmente.
- ¿Ah si?
- Si… Quieren saber quién es el hombre que me obligó a dejar los estudios de arte para seguirlo por el mundo en giras de rock – responde ella sin atisbo de humor en la frase, aunque con calma.
Paul sonríe sarcásticamente.
- Está bien. Veo que tendré un gran recibimiento.
Ella se acerca y sin decir nada más toma su pijama. Pero en lugar de cambiarse delante de él, como suele hacer sin problemas, se encierra en el baño.
Al poco rato sale vestida para dormir. Y sin agregar nada más se acomoda en su lado de la cama, cubriéndose con las cobijas.
Paul la observa con curiosidad mientras termina de fumar el cigarrillo.
Al cabo de un rato también se acuesta. Cada uno duerme dándose la espalda.
En la sección notas están todos los capítulos, desde el 1 al 5.
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rubbersoulforsale replied to your post: ¿Comentarios?
Como ya dije en la página de facebook, fue perfecto. Gran capítulo y me encanta el rumbo que va tomando la historia. Eres muy talentosa :)
Pues muchas gracias por el comentario! Me alegro de que te esté gustando el rumbo de la historia. Todavía queda mucho que decir y nuevos personajes por aparecer. Veremos qué pasa :)